¿Y qué hace el atador cuando tiene a la “víctima” a su merced? ¿La
azota? ¿La acaricia? ¿La fotografía? ¿Folla con ella? ¿Deja que vuele?
¿Le venda los ojos para que se aísle del mundo exterior y se cueza en su
propia salsa? Pues todo, parte o nada de lo anterior, dependiendo de la
relación existente entre ambos (tan ligera como atador/modelo
fotográfico o tan profunda como pareja habitual). Cada tipo de
interacción tendrá su propia energía artística y vital.
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