¿Por qué resulta erótico
inmovilizar o restringir el movimiento? Para la persona atada, el efecto
es en parte físico: la presión de las cuerdas sobre puntos sensibles y
zonas erógenas, el roce que puede ser suave o áspero según el tipo de
cuerda… En una suspensión entra en juego la ingrávida sensación de
volar y perder los referentes; en una atadura sobre tatami o una cama,
el sentirse manejada, empujada, acariciada por las cuerdas. Los efectos
psicológicos son potentísimos y a veces contradictorios: el chorro de
adrenalina al sentirse indefenso y a la merced del atador, frente a la
relajación y confianza de saberse en buenas manos y poder librarse de
toda responsabilidad y vergüenza (“no puedo resistirme al placer que se
me proporciona”). Como sostiene el propio Araki, atar fuertemente es
abrazar… Las cuerdas se convierten en una extensión de los dedos del
atador.

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