LA ORGIA
La liberación de la histeria
Por Jorge Rueda el 17 marzo, 2013
El ser humano se encuentra en la incómoda situación
de poseer instintos animales y a la vez inclinaciones civilizadas que, de
alguna manera, debe reconciliar, generalmente en detrimento de los primeros.
Pero no es posible soportar indefinidamente la tensión, y para cada tipo de
tensión existe una liberación: la orgía.
Con gran éxito y sin sufrir ninguna censura, merced
a su carácter de ensayo literario, Historia de las orgías [Barcelona: Ediciones
B, 2004] fue publicado originalmente en 1958 por Burgo Partridge (1935-1963),
hijo de Ralph y Frances Partridge, escritores, traductores y cronistas del
Círculo de Bloomsbury (grupo de intelectuales ingleses de principios del siglo
XX, enemigos activos de la rígida moral victoriana y que reunió a personajes
como Virginia Woolf, su esposo, Leonard Sidney Woolf y su hermana Vanessa Bell,
Bertrand Russell, Lytton Strachey, Edward Morgan Forster y Dora Carrington,
entre otros), clique literaria de la que no habría que soslayar —como
curiosidad y dado el título de la obra— que fueron dados a peculiares
relaciones amorosas y endogámicas, que llevaron a Julian Bell (sobrino de
Virgina Woolf) a escribir “Os atrevisteis a experimentar la homosexualidad, la
promiscuidad, el pacifismo durante la Gran Guerra”.1 circunstancias que
seguramente influyeron en el carácter de Burgo y más precisamente en su interés
por el tema, y me atrevo a aventurarlo dado el comentario —en el epílogo de
2002 al libro— de su esposa, Hernietta Garnett (también fruto de la endogamia
del grupo), quien apunta: “Más notable aún que la ocurrencia es el hecho de que
una persona tan joven y tan notoriamente indisciplinada llegara de veras a
sentarse a escribirla”.
Es también notable, me atrevo a señalar, que fuera
traducido y editado en nuestro idioma 46 años después —tal es el interés que
despierta la difusión del estudio de las manifestaciones sexuales en nuestra
cultura editorial.
Qué puede haber tan obsceno en un texto que
permaneció agazapado casi medio siglo a los ojos del ciudadano de a pie, porque
si bien refiere andanzas de personajes como Casanova, el Marqués de Sade y
Rasputín, así como escenas de prostíbulos y fiestas privadas de la Inglaterra
victoriana, es un texto prolijo y bien narrado que ofrece una panorámica y
consideraciones interesantes con respecto a una conducta sexual tabú; lo
obsceno sin duda es su título, que despierta las deseos inconfesables de todos
nosotros, es demasiado duro para incluirlo en el catálogo de algún librero mientras
que sus cuidadas formas decepcionan a los lectores sensacionalistas, es decir,
no da gusto ni a tirios ni a troyanos.
Mientras los griegos distinguían el carácter
eventual de la orgía, su función como válvula de escape y de revalorador de la
rutina, sus vecinos romanos potenciaron el carácter sádico de la orgía, que
exacerbaba los distingos esclavistas y la posición del poderoso, convirtiendo
su fiestas en orgías histéricas y criminales.
La contención que genera en el ser humano la
necesidad de conciliar sus instintos animales y sus inclinaciones civilizadas
es el origen de la tensión que de una o de otra forma ha de canalizar el
hombre. Partridge reconoce en la orgía la “descarga de tensión organizada, la
liberación de histeria acumulada por la abstinencia y la contención y, como
tal, tiende a adoptar una manifestación histérica o catártica”, incluso
menciona la guerra como un tipo de orgía, aunque también percibe la
“dificultades que plantea la identificación y definición de los demás tipos de
orgías”, y centra su estudio en aquellas descargas de carácter sexual. Comienza
su periplo cultural con los griegos, quizá la primera civilización de Occidente
en disfrutar fiestas de este tipo ofrendadas a sus divinidades y ciclos
naturales, y hace notar la distancia que separa a estos diletantes,
equilibrados y hedonistas, de sus primeros herederos: los romanos lujuriosos y
crueles, como corresponde a los apetitos de la sociedad de un imperio. Y es en
esta distinción donde encuentra una diferencia orgiástica: mientras los griegos
distinguían el carácter eventual de la orgía, su función como válvula de escape
y de revalorador de la rutina, sus vecinos romanos potenciaron el carácter
sádico de la orgía, que exacerbaba los distingos esclavistas y la posición del
poderoso, convirtiendo su fiestas en orgías histéricas y criminales. En el
siguiente capítulo nos conduce a través de la Edad Media, el carácter
prohibitivo y censor de la Iglesia; los distintos grupos rebeldes y
orgiásticos, e incluso sus “Fiestas de locos” encaminadas al desfogue
anticlerical y al caos que devuelve su justo valor a la mesura de la vida
diaria.
Hasta aquí Partridge distingue lo que pudiéramos
llamar “orgías conformistas”, pues tienen una función reguladora en el seno de
la sociedad y fueron —por lo menos— toleradas, para después, a través del
tiempo, distinguir de estas orgías a las que llama “orgías del rebelde”:
eventos orquestados por uno o más individuos y que “surgen de la sensación de
confinamiento y restricción que el individuo padece y atribuye a esa sociedad”,
y a las que destina los capítulos subsecuentes.
En ambos casos la búsqueda es la misma: la huida de
una tensión intolerable, y pronostica éxito a la primera forma ya que “ataca la
verdadera raíz del problema, (si no va acompañada) de excesivos sentimientos de
culpa y autorrepulsa” —el tipo de orgía helénico—, en cambio reconoce en la
orgía del rebelde menos posibilidades de satisfacción por la dificultad de
valorar correctamente el grado de represión que sufre el individuo y “porque su
reacción será desmesurada y lo arrastrará a unos extremos de libertinaje que no
le son propios” —suponiendo bonhomía en el género humano.
Aunque se pueda acusar a Partridge de no aportar
nada extra a los más de sesenta títulos que incluye su bibliografía, existen en
su revisión dos tesis que vuelven interesante su lectura:
—La orgía de tipo helénico no sólo es deseable sino
sana para el desfogue social, y
—Las orgías y las épocas de prohibición han tenido
un movimiento alternativo y pendular en la historia.
¿En qué momento de campaneo pendular nos
encontramos ahora? ¿El sida terminó con la liberación sexual y nos devolvió a
la contención? O peor aún, ¿la orgía de cibersexo suplanta la libertad y nos
limita a la castidad corporal y genera el sucedáneo adecuado para nuestras
sociedades de simulación, y ahora es suficiente fingir —en privado— que damos rienda
suelta a nuestros instintos para que el efecto catártico nos envuelva con su
ensalmo? Por otro lado, ¿nuestros nuevos rebeldes son los swingers y sus
clubes? ¿Nuestras anticlericales “Fiestas de locos” los Coachellas y
Vivelatinos? O más radicales: ¿las nuevas descargas se dan en los cuartos
oscuros de las fiestas gay? ¿Entre los enfermos de sida y los bug chasers de
las bareback parties2? ¿Debemos identificar a los nuevos orgiastas en las
bandas de narcos, secuestradores y pederastas del Edén?
Si un libro —de temática antropológica— publicado
hace medio siglo y reeditado, no hace mucho, en el idioma de la mayoría de los
países católicos, puede sorprender por las preguntas que provoca, y nuestras
sociedades se encuentran tan alejadas de los ideales humanistas y mesurados de
los griegos clásicos, es que estamos en el extremo prohibitivo del movimiento
pendular, que se ha ralentizado y que amaga con detenerse en esa injusta mitad.
Me parece claro: si un libro —de temática
antropológica— publicado hace medio siglo y reeditado, no hace mucho, en el
idioma de la mayoría de los países católicos, puede sorprender por las
preguntas que provoca, y nuestras sociedades se encuentran tan alejadas de los
ideales humanistas y mesurados de los griegos clásicos, es que estamos en el
extremo prohibitivo del movimiento pendular, que se ha ralentizado y que amaga
con detenerse en esa injusta mitad; simulación de libertades y crímenes
catárticos que vuelven espectáculo ambas facetas: el acceso al show de la
emancipación y la visualización de aspectos bestiales a que accede el ser
humano.
Nunca más la orgía como fiesta divina encaminada al
equilibrio y el disfrute.

No hay comentarios:
Publicar un comentario